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Opinión Videojuegos

Spore y DRM

No, aun no he tenido la oportunidad de probar la última genialidad de Will Wright más allá de alguna demo en una gran superficie. Las razones son las habituales: no va en Linux nativamente (sí que funciona con Wine) y mi PC con XP no es lo bastante potente para moverlo. Pero incompatibilidades aparte y aunque físicamente pudiese hacerlo funcionar resulta que no quiero. Y otra vez la culpa la tiene mi escaso gusto a ser sodomizado sin vaselina y es que Spore no es más que el enésimo capítulo en la saga de los derechos de las productoras contra los derechos de los usuarios. No, usemos el término real, consumidores.

Ya llevamos demasiado tiempo teniendo que aguantar que aquellos que pagamos con regularidad los abusivos precios de algunos juegos encima tengamos que cargar con el sanbenito de ser unos pringaos. Imaginemos que compro «Spore» (cosa bastante probable ya que pertenece a uno de mis géneros favoritos y además es de un grupo de desarrolladores que me da confianza) y lo instalo en mi supuesto PC de juegos. De entrada, requisitos aparte no hay problema, bueno precio también aparte. Llego, lo instalo y mientras me leo el manual me llevo dos patadas en la boca: la primera la instalación de software innecesario en mi equipo (SecuROM) en pro de una falsa seguridad para el fabricante y la segunda aun no la he recibido pero pronto voy a verla. Entro en el juego, me conecto a internet para hacer algo y el tráfico en la tarjeta de red me indica que el juego está llamando a casa para decirle a sus padres que está bien, que todo es maravilloso y que el tiempo está perfecto.

Juego la partida de rigor, creo alienígenas peniformes y a mi novia le hace gracia lo de crear bichos espaciales. Desgraciadamente para ella solo habrá una raza peniforme y es que el juego impide crear una segunda cuenta. Vale, no es lo que pone en el manual pero eh, un fallo de imprenta lo tiene cualquiera. Pasado un par de meses lo reinstalo porque el ordenador ha crujido miserablemente bajo el ataque de un virus/registro lleno de basura/disco duro en mal estado y entonces me doy cuenta de que solo me queda una oportunidad de crear criaturas peniformes antes de tener que llamar a EA para explicarles que quiero otra instalación más porque el perro ha mordido los cables SATA mientras cambiaba la tarjeta de sonido y se ha quemado el condensador de fluzo.

Resumiendo, por 60 euros habría obtenido un virus (SecuROM consume recursos y ralentiza el ordenador), un troyano (¿por qué tiene que llamar a casa un juego que ya he pagado?) y encima de alquiler (¿qué pasara cuando no haya servidores de comprobación o si EA considera que no merezco más reinstalaciones?). Mientras tanto aquellos que lo ha pirateado lo han tenido una semana antes y sin ningún tipo de futuro problema (más allá de algún vironio puesto con mala baba). No, el mercado de PC no se muere, simplemente sus consumidores se han reducido al género de los masoquistas y yo personalmente me joderé, aguantaré las ganas de probarlo y no lo quiero ni pirateado.

Comprendo que las compañías quieran sacar el máximo partido a sus inversiones, pero se me antoja bastante dudoso que machacar a los que te dan dinero sea el sistema correcto (miren si no el feudalismo). ¿Dónde quedaron aquellos tiempos en los que un juego era una obra completa en la que el arte de la caja o el maravilloso manual de instrucciones ya casi justificaban el precio pagado? Señores editores, den razones para comprar los juegos y dejen de tirar dinero en ponerle puertas al campo.

2 respuestas a «Spore y DRM»

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