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Opinión Videojuegos

Para estar muriéndose no tiene mala cara

Hola de nuevo. Se terminó mi primer periodo vacacional, el cual ha sido invertido en visitar partys, reunirme con los colegas y de todo un poco menos el merecido descanso. La verdad es que vengo bastante quemado, principalmente gracias a la Campus Party. Para quien no lo haya probado, pasar de la Euskal (un sitio que se define por una especie de colegueo general) a la Campus (donde parece que se compite a ver quien hace más el burro) es como un despertar a la vida. Bueno, más bien como pasar de un camping a un campamento para refugiados, pero prefiero no robarle las metáforas a la gente.

En realidad lo que me tiene jodido es que el videojuego en este país siga como hace un par de años, al menos desde el punto de vista de nuestros popes del desarrollo. Si alguien ha pasado por cualquier conferencia, charla, mesa redonda o similar sobre el videojuego en España en los últimos, pongamos, cinco años reconocerá estas dos frases: «No hay industria del videojuego en España» y «Estamos en el mejor momento de nuestra historia«. Por si mismas ninguna de estas afirmaciones es falsa, el tejido empresarial del videojuego autóctono está en pañales y cada año que pasa aparece algo nuevo en nuestro país, pero creo que cinco años en un sector tan dinámico y en expansión es una eternidad.

Si quieren más opinión de los grandes apúntense a la siguiente charla sobre el tema, aquí lo que van a encontrar es la mía. Primer problema: carecemos de base. Como muy bien recordó Daniel Sanchez Crespo, cada año hay más empresas de videojuegos en España, y con productos competitivos añado yo, pero ¿dónde están los amateurs? En mi opinión para mantener un ritmo sano deberían haber unos 5 desarrollos amateurs por cada uno profesional. Es decir, por cada empresa debería haber al menos cinco personas intentando crear de forma activa un juego con alguna pretensión de éxito (no a nivel comercial, si no de simple reconocimiento). ¿Las hay? Lo dudo.

Y no creo que sea por falta de oportunidades, hay mercados donde los aficionados podrían hacerse un hueco (Linux y MacOSX son dos plataformas donde cualquier juego con buen acabado puede destacar, no hace falta ni que sea 3D con 5000 polígonos por modelo). Supongo que la verdadera problemática es ganar dinero haciendo juegos para seguir creciendo ya que el modelo shareware, aquel que permitió levantar cosas como Apogee, id o Epic, parece agotado. Ese debería ser el momento para que las distribuidoras hicieran sus apuestas.

Y digo las distribuidoras porque los estudios españoles no tienen músculo para sostener a pequeños estudios que estén empezando. Con deciros que los programadores «cobran menos porque trabajan en lo que quieren» ya os podéis imaginar como está el tema salarial. Pero volvamos a las productoras. Habría que analizar el coste de vender tiradas económicas de estos productos. ¿Serían rentables? Yo pienso que sí, principalmente por lo que he visto trabajando en una tienda: si la temática interesa y el precio es ajustado la gente compra. Además si una revista como la Computer Gaming World era capaz de hacerlo en su época no veo porque FX (por nombrar a alguien) no podría sacar una gama con este tipo de juegos a 5 euros en tienda/kiosko o 3 por internet.

A fin de cuentas el problema es el mismo que en el cuento ¿quién le pone el cascabel al gato? Es decir, ¿quién va a arriesgar su dinero o esfuerzo para iniciar la reacción? Y también, si se pone en marcha la maquinaria, ¿quién estará ahí para contar la revolución? Como no hay industria nacional, no hay conciencia de industria nacional. A la gente le suele gustar que los juegos les hagan giños que entiendan y siempre existe una difusa chispa chovinista en el mercado que hace que el público se decante por el producto nacional. Tal vez esto serviría de acicate para luchar contra la omnipresente piratería. Un poco de publicidad a la producción autóctona no viene mal. En esto los premios Desarrollador_ES pusieron un minúsculo grano de arena (he de matar a Nae por la «ceremonia», juro que me entraban ganas de levantarme y presentarla yo), sobre todo presentando a gente nueva o a la que no se suele mencionar mucho. Esperemos que cuando se repitan el año que viene pueda estar orgulloso de estar por allí ayudando en lo que sea.

Volviendo a lo que comentaba, ahora solo queda presionar para que se produzca alguno de estos cambios y ver si tengo razón o el pesimismo no era más que realismo mal entendido.

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