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Chernóbil, ciudad de vacaciones

Menuda semanita llevo. El pasado martes salí rumbo a Kiev para asistir a la presentación de «STALKER: Shadow of Chernobil» en la capital ucraniana y de paso dar un paseito por la tristemente famosa zona de Chernóbil. Del juego de momento no puedo hablaros, fui por OJGames – Cibergamers y hasta que ellos no publiquen el artículo lo dejaremos en que tiene buena pinta.

Respecto a los lugares visitados, viajar a Ucrania es como visitar la España de hace treinta años aunque con un toque muy ruso. En Kiev, como en muchas otras capitales de países emergentes, conviven el lujo con la pobreza contrastando el centro con las gigantescas colmenas humanas que existen en las afueras o los coches de lujo con los viejos Lada y los camiones de fabricación soviética.

En cuanto a Chernóbil cualquier cosa que se pueda comentar se queda corta. La zona no es especialmente bella o extraña. No hay mutantes ni nada por el estilo, pero el silencio y la soledad hacen que uno sienta claustrofobia en mitad de una pradera. Los niveles de radiación de la zona aun son elevados y la vida animal es prácticamente nula más allá de algunos insectos o animales domésticos.

Cuando llegas a la central realmente no eres consciente de la situación en la que te encuentras, tan solo un medidor en el centro de visitantes te indica que estás expuesto a cien veces la radiación que sueles soportar habitualmente. Mientras te explican que aquel viejo sarcófago construido a costa de vidas humanas se está resquebrajando y que su hundimiento volvería a generar otra catástrofe. De momento se está empezando a diseñar una nueva cúpula protectora, pero está claro que allí simplemente se trabaja para intentar parchear un desastre que nos acompañará durante milenios. El interior del reactor es terra incognita y nadie sabe con seguridad que puede llegar a pasar.

En cuanto a Prypiat, la ciudad más cercana a la central, el abandono es total. Una población de 50.000 habitantes es ahora un cementerio de edificios semiderruido por el paso del tiempo y repleto de objetos rotos. No permiten estar demasiado tiempo por la zona, pero es cierto que tampoco apetece hacerlo. Pasar de una calle a otra puede suponer una variación de 200 microroentgens (10-20 es lo normal en una ciudad) y cuando el sonido del contador geiger que está colocado en algún punto de la ciudad rompe el silencio un sudor frío te recorre la espalda.

Mentiría si dijera que no me sentí aliviado cuando salimos de la zona y es que uno no puede dejar de plantearse que estamos abocados a entendernos con una fuente de energía tan potente como mortífera.

He puesto algunas fotos del viaje en mi PC por si alguien está interesado. Posiblemente vaya un poco lento pero tampoco son una maravilla. Mañana comentaremos algo más alegre que también estuve por el Art Futura.

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