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Arte contra ciudad

Ayer, en uno de esos momentos ociosos que suelo tener en mitad de Valencia vi algo curioso. Junto a la biblioteca del hospital (llamada así porque antes era un hospital) había unos hombres con pintura naranja y una especie de espuma limpiando una placa conmemorativa. Resultaron ser limpiadores de graffitis, esforzadas personas que se dedican a adecentar el maltratado mobiliario urbano.

A raíz de esto me surgieron varias preguntas. ¿Por que la gente se dedica a atacar los edificios públicos con pintadas horrorosas? La biblioteca de la que hablo es un bello edificio del siglo XVIII situada entre un parque y unas callejuela y por desgracia sus paredes están llenas de rayajos sin sentido. No me refiero al arte urbano que podemos disfrutar en otras partes (el blog de yuanyu tiene unas cuantas muestras), si no de simples firmas que parecen hechas por un preescolar. ¿Por qué no se dedica esa energía sobrante en hacer algo de lo que enorgullecerse?

El año pasado el centro antiguo de la ciudad (barrio del carmen) se vio «atacado» por la panda de pseudoartistas que se juntan en la bienal, un espectáculo montado por el ayuntamiento para mas loor y gloria suya. Los energúmenos estos se dedicaron a «transformar espacios», es decir poner su «arte» en zonas degradadas. Esto, que si lo hace alguien con un spray es delito, fue celebrado y tal por los propios artistas, pero la consecuencia son unos edificios multicolor feos en mitad de la calle. ¿Porqué no dejan la decoración urbana a los especialistas? Total, a unas calles de allí los grafiteros montaron su mural protesta. La calle para el que la trabaja.

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