Para celebrar mi cumpleaños y el aniversario de esta página me voy de viaje por Escocia. No, no intenten detenerme.
Si se aburren durante este tiempo he añadido una sección de recomendaciones (barra de la derecha hacia abajo) y he cambiado el sistema de comentarios (que lo mismo le da a todo el mundo ya que no notarán nada). Nos vemos en unas semanas.
No, aun no he tenido la oportunidad de probar la última genialidad de Will Wright más allá de alguna demo en una gran superficie. Las razones son las habituales: no va en Linux nativamente (sí que funciona con Wine) y mi PC con XP no es lo bastante potente para moverlo. Pero incompatibilidades aparte y aunque físicamente pudiese hacerlo funcionar resulta que no quiero. Y otra vez la culpa la tiene mi escaso gusto a ser sodomizado sin vaselina y es que Spore no es más que el enésimo capítulo en la saga de los derechos de las productoras contra los derechos de los usuarios. No, usemos el término real, consumidores.
Ya llevamos demasiado tiempo teniendo que aguantar que aquellos que pagamos con regularidad los abusivos precios de algunos juegos encima tengamos que cargar con el sanbenito de ser unos pringaos. Imaginemos que compro “Spore” (cosa bastante probable ya que pertenece a uno de mis géneros favoritos y además es de un grupo de desarrolladores que me da confianza) y lo instalo en mi supuesto PC de juegos. De entrada, requisitos aparte no hay problema, bueno precio también aparte. Llego, lo instalo y mientras me leo el manual me llevo dos patadas en la boca: la primera la instalación de software innecesario en mi equipo (SecuROM) en pro de una falsa seguridad para el fabricante y la segunda aun no la he recibido pero pronto voy a verla. Entro en el juego, me conecto a internet para hacer algo y el tráfico en la tarjeta de red me indica que el juego está llamando a casa para decirle a sus padres que está bien, que todo es maravilloso y que el tiempo está perfecto.
Juego la partida de rigor, creo alienígenas peniformes y a mi novia le hace gracia lo de crear bichos espaciales. Desgraciadamente para ella solo habrá una raza peniforme y es que el juego impide crear una segunda cuenta. Vale, no es lo que pone en el manual pero eh, un fallo de imprenta lo tiene cualquiera. Pasado un par de meses lo reinstalo porque el ordenador ha crujido miserablemente bajo el ataque de un virus/registro lleno de basura/disco duro en mal estado y entonces me doy cuenta de que solo me queda una oportunidad de crear criaturas peniformes antes de tener que llamar a EA para explicarles que quiero otra instalación más porque el perro ha mordido los cables SATA mientras cambiaba la tarjeta de sonido y se ha quemado el condensador de fluzo.
Resumiendo, por 60 euros habría obtenido un virus (SecuROM consume recursos y ralentiza el ordenador), un troyano (¿por qué tiene que llamar a casa un juego que ya he pagado?) y encima de alquiler (¿qué pasara cuando no haya servidores de comprobación o si EA considera que no merezco más reinstalaciones?). Mientras tanto aquellos que lo ha pirateado lo han tenido una semana antes y sin ningún tipo de futuro problema (más allá de algún vironio puesto con mala baba). No, el mercado de PC no se muere, simplemente sus consumidores se han reducido al género de los masoquistas y yo personalmente me joderé, aguantaré las ganas de probarlo y no lo quiero ni pirateado.
Comprendo que las compañías quieran sacar el máximo partido a sus inversiones, pero se me antoja bastante dudoso que machacar a los que te dan dinero sea el sistema correcto (miren si no el feudalismo). ¿Dónde quedaron aquellos tiempos en los que un juego era una obra completa en la que el arte de la caja o el maravilloso manual de instrucciones ya casi justificaban el precio pagado? Señores editores, den razones para comprar los juegos y dejen de tirar dinero en ponerle puertas al campo.
RSS, RSS, RSS… Estoy enganchando a los malditos RSS y la verdad es que se me descontrola el tema. Esto de ver 400 entradas nuevas cada día es inaguantable, no tanto por la cantidad de contenido como por la constante repetición. Y aunque lo mejor sería filtra las webs que tengo apuntadas resulta que alguna, de vez en cuando, suelta algo interesante. Ante tal panorama estoy dedicandome a filtrar contenidos con fuentes más específicas, probando servicios online e incluso peleandome para montar un memetracker en casa (mecaguen los plugins de drupal con 0 documentación). Pero para variar, esto no es lo importante.
Estaba yo limpiando cuando me encontré un enlace a Sore Thumbs, blog escrito por Dan “Shoe” Hsu y Crispin Boyer (Ex-editores de EGM y 1up),y cual maruja ante un programa del corazón comencé a devorarlo. Lo de los programas del corazón no es gratuito y es que el contenido básicamente son aventuras, desventuras y comentarios sobre lo que pasa dentro de una publicación sobre videojuegos, con los muy interesantes “Behind the Scenes” como producto estrella. Una recomendable lectura para la tarde del sábado.
Hi friends! Casi un año sin leernos ¿eh? ¿Vagancia? No, básicamente no tenía nada que comentar. He cambiado de vida, de casa y soy capaz de reconocer cualquier mueble de Ikea con un simple vistazo, pero aparte de eso no ha cambiado nada. Y veo que en el mundillo tampoco: la distribución de juegos online sigue creciendo, las compañías siguen fusionándose (¿Square-Enix-Tecmo? Por favor…) los juegos esperados siguen sin aparecer (Ah ¿que ya sale Spore? Pues nada, ignórenme) y la Wii sigue vendiendo lo que no está escrito (¿Dead Rising para Wii? No me jodan…)
Bueno, una cosa sí ha cambiado: He conocido a Tones “in person”, así como a la simpática Eunice. ¿Que no es gran cosa? Bueno, a mi me hacía cierta ilusión, pena de mi -50 a conversación cada vez que conozco a una persona que me parece interesante. Espero que captaran el profundo subcontexto de frases como “Nghaaa…” o “Bueno, pues nada.” (Tengo el Mondo Pixel firmado cual vulgar groupie, ya lo comentaré). Pero basta de ponerse al día y demos algo de contenido. ¿Conocen levelHead?
Pues yo hasta hace un rato tampoco (y eso que es un proyecto español con casi un año de vida) pero me acabo de poner muy tontorrón con el vídeo de su funcionamiento. Y es que a mi lo de los interfaces tangibles lleva años llamándome poderosamente la atención como el futuro de la interacción con la informática (¿por qué aun no hay un Audiopad en cada casa?) y después de frustrarme con la Wii (perdón, con sus juegos) este sencillo experimento me ha levantado la moral. La verdad, intentaría explicar de que va la cosa, pero lo mejor que me sale es un cruce entre los “God Games”, el cubo de Rubick y las aventuras gráficas, lo cual creo que no le hace justicia. Mejor lean la descripción en la página del proyecto y véanlo ustedes mismos en el siguiente vídeo.
Me encantaría ponerle las manos encima (nunca mejor dicho). ¿Wii? Para turistas.
Mi vida está cambiando y la consecuencia más clara es que mi nivel de atención para ciertos asuntos ha disminuido. Por alguna razón (pura autodefensa) parece que los internautas tenemos tendencia a buscar solo las cosas concretas y resumidas, ignorando aquello que no nos produce satisfacción/información inmediata, con lo que me he sorprendido a las tantas de la madrugada disfrutando de un post de John Tones en MondoPixel. Ya no acostumbraba a hacerlo. Afortunadamente “¿Hay esperanza? (1/2)” me ha sacado del letargo en el que estaba sumido.
Sí, la polémica sobre el análisis de videojuegos me encanta. Hubo un tiempo en el que, con toda mi soberbia, me consideré un profesional del medio. Pasado el tiempo me he dado cuenta de dos cosas: no era tan soberbio y siempre he sido un analista de la vieja escuela. Lo reconozco, para mi la crítica siempre ha sido un tema entre yo, el juego y los lectores, destacando méritos del producto y atacando defectos. Buscando por qué el juego puede o no puede merecer la pena. Uniendo datos del pasado con experiencias del futuro. He estado vendiendo juegos a los lectores.
Claro que ese era el trabajo: vender. Las webs sobre videojuegos son negocios sobre negocios, con lo que el análisis es lo que manda, quedando la crítica al medio en un tercer plano para rellenar. Así las cosas creo que hay que disociar de una vez: o analizamos o hacemos crítica. Los analistas somos los de los datos, los que vemos el juego como producto que ha de proporcionar algo y cumplir unos requisitos, somos los que nos encargaremos de la fea pero necesaria tarea de decirle a la gente si debe comprar el FIFA 08 o mejor seguir jugando al 07. Como bien indica el colega de Tones, hay juegos a los que no les puedes hacer una crítica ya que te dejan en bragas a causa de su concepción como producto de consumo.
Pero tengo curiosidad. ¿Cómo sería la crítica de videojuegos? Es decir crítica pura y dura de conceptos originales que han de tener algún tipo de nexo con el mundo en el que han sido creados. Yo estoy dispuesto a intentarlo el día menos pensado y exponer el resultado en esta página, afrontando con entereza el ser sometido a escarnio a la vez que dispuesto a ser un pionero del género. ¿Quiere alguien jugar conmigo? ¿Estarían dispuestos a escribir una crítica sobre un juego cualquiera al azar? Ahí dejo el desafío.
Menudo mesecito este de diciembre. Primero ingresado por culpa de un conejo de angora (que bonito es descubrir una alergia fulminante y pasarse unos días en el hospital), después aprovechando los 30 días de Xbox Live que me dieron con mi flamante 360 (de segunda mano) y por último mi mega regalo navideño: una Atari 5200 con cuatro joyitas del pixel clásico (Pac-Man, Frogger, Centipede y, como no, Pengo) cortesía de mi, atractiva a la par que adicta al Dinasty Warriors, novia.
Y aparte de esto que les voy a contar que no sepan ya. El trabajo me trae por la calle de la amargura con varios meses en turno de tarde que hacen que mi vida social sea algo escasa. Al menos he de reconocer que he podido probar bastantes videojuegos en este tiempo y de los cuales daré cumplida cuenta en este blog antes de que me canse, lo envíe ATPC y me dedique a la prensa seria, el mundo de la informática o el cultivo de la patata.
Feliz año, que aun no había tenido la oportunidad de felicitarlo y espero que todos hayan tenido unas felices fiestas.