a Clockwork Orange

Finde del vicio II – 1ª jornada

Escrito por en Videojuegos

Bienvenidos a la crónica del gran evento organizado por Nae y servidor para desahogarnos y dar rienda suelta a la inmensa colección de juegos que tenemos en casa criando polvo. En principio la idea era crear un blog y comentar lo que se nos fuera ocurriendo, pero por problemas de agenda tendremos que hacerlo aquí.

De entrada el Finde ha comenzado a lo grande, con una intensa noche de Fitba en la 360. Este clon de Sensible Soccer desarrollado en XNA es, citando a Nae, canelita fina. Tras un par de horas de vicio vino el descenso a los abismos del XNA de la mano del ya citado con «juegazos» como Abronium Party, 2 Ghost o Fish Arcade Racing y culminando con Wellcome to Mexico, el juego ligeramente racista que habría podido desarrollarse perfectamente en una Atari 5200 y debate sobre si es malo o peor. Pausar para recuperar fuerzas y un Virtua Tennis 3 para calentar.

Para culminar (debido a graves problemas técnicos en PS2 y Dreamcast) madrugada Master System, acompañados del amigo Corven, con clase magistral de Alex Kidd in Miracle World a cargo del tete, y repaso de GG Shinobi (la magia de los emuladores), Batman Returns, Captain Silver, Golbelius, Teddy Boy, My Hero y Black Belt (grande Nae) entre otros.

Como conclusión de esta primera jornada: los juegos clásicos siguen siendo grandes y los desarrolladores novatos deberían echarles un vistazo.

Ahora la parte colaborativa ¿que nos recomendais para el segundo día? Ya hemos empezado pero nos gustaría saber qué no podemos perdernos. Venga esas sugerencias.

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Sí, los videojuegos son caros

Escrito por en Opinión, Videojuegos

Llevo dándole vueltas al tema durante demasiado tiempo y creo que me he dedicado a auto-convencerme. Hasta ayer siempre había pensado que los videojuegos tenían un precio, digamos, justo. Es decir, la gran cantidad de horas y recursos invertidos en su creación, así como las horas de diversión que proveen, me habían parecido razón más que suficiente para que estuviesen etiquetados en el rango de los 60 euros. Pero al fin he afrontado mis sentimientos y he comparado mi afición principal con mis aficiones secundarias, con nefastos resultados.

Básicamente: ¿qué me entretiene? Pues literatura, cine, cómics, música y videojuegos (el enorme gasto de «salir por ahí» mejor lo obviamos). Y de estas opciones ¿en qué gasto pasta? En todo menos en música (miento, me compré un disco de Miles Davis el año pasado). ¿Y cuales me ocupan la mayor parte del tiempo? Cómics, libros y cine. ¿Pero no me gustaban los videojuegos? Por supuesto, pero no me los puedo permitir. Bueno, sí puedo, pero no las novedades. ¿Eso me lo digo después de dejarme 80 euros en cómics? Eh… Así es, me dejo casi 100€ en tebeos sin pestañear y no soy capaz de permitirme un Street Fighter IV. Compro 30€ en DVDs que ya he visto pero me veo obligo a rebuscar entre las cestas de saldos del Media Markt para ver qué tienen por menos de 10€. ¿Qué coño pasa?

Pues lo que llevo tiempo sin asumir: que el resto de cosas las disfruto hasta el final y la penalización en caso de no pasarlo bien es mínima. En cambio los videojuegos me piden demasiado dinero, demasiado tiempo y demasiada atención, cosa que no siempre compensa. Pongamos por ejemplo The Maw. El juego es decididamente deficiente (más sobre ello otro día), pero su coste real para mi ha sido mucho menor que el de, pongamos, Castlevania Dawn of Sorrow (último juego por el que recuerdo haber pagado el precio completo) el cual creo que aun no he acabado. Con el primero he podido pasar página, con el segundo sigo frustrado aun habiéndolo disfrutado. ¿Quiere esto decir que me gustan los juegos casual aunque sean menos divertidos? No. Lo que quiere decir es que los precios de un juego nuevo me parecen abusivos si no voy a exprimirlo al 100%.

Tengo DVDs que no he visto, libros que no he leído y juegos que no he jugado, pero los únicos que me remuerden la conciencia son los juegos. Haber pagado 60€ y no encontrar el momento o que no sea lo que quería me reconcome por dentro, lo que me ha obligado a pensar cada compra que hago y superar el mono con decenas de juegos que nunca probaré pero que compré porque «por 10 euros no puede ser tan malo». Por Diox, hagan caso a Gabe Newell y bajen los precios, fomenten la compra por impulso, quiero volver a jugar novedades sin tener que planear una compra como si fuera una hipoteca.

Y si eso lo piensa alguien que QUIERE jugar a los juegos, ¿qué deben pensar aquellos que tan solo quieren probarlo? ¿No sería mejor abrir el mercado? Yo creo que la gente quiere jugar.

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Castle Crashers

Escrito por en Análisis, Videojuegos

Hola amigüitos. Hoy vengo a hablaros de la diferencia entre tener una vida y tener una Xbox 360 con Castle Crashers. Tener una vida incluye cosas como salir por ahí, hacer exámenes, sexo, tener un trabajo, buscar una relación, ayudar a mantener la capa de ozono en buen estado, sexo, plantar un arbol; lo habitual. Tener una 360 con el susodicho juego viene a ser más o menos lo mismo pero con la posibilidad de coger a unos cuantos amigos, sentarlos delante de una pantalla y dedicarse a aporrear, gritar, maldecir y demás cosas a las que nos acostumbraron los salones recreativos.Castle Crashers

Castle Crashers
Desarrollador: The Behemot
Plataforma: Xbox Live Arcade
Año: 2008

Ante todo disculpen mi lentitud a la hora de hablar de este juego. Compréndanlo, uno lleva un vida muy ajetreada y no puede estar al día de todos y cada uno de los videojuegos que salen. Bueno, esa es la versión oficial, la verdad es que le tengo una tremenda fobia a la compra de bienes no tangibles como las descargas electrónicas. Sí, me gusta tener mis compras a mano, prestárselas a los amigos y demás materialismos. Así que de entrada era bastante reacio a dejarme 12 euros en un juego que perderé algún día de estos sin visos de ser recuperado. A esto añadamos que no me gusta el sistema de pagos de Xbox Live (¿por qué tengo que pagar más puntos de los que voy a gastar?) y Castle Crashers podía haber pasado al gran listado de juegos que me niego a comprar. Pero entonces la demo llegó a mi vida. Allí estaba yo, aburrido cual ostra en una reunión de pepinos de mar, cuando me dio por pasear por la tienda del Live y bajar unas cuantas demos. Así, tras jugar durante una hora a la maldita primera pantalla es como me convencí de que necesitaba este juego.

♫ Tineg miutant ninya tartels, Tineg miutant ninya tartels… ♫

Para empezar: este juego es un arcade. Saquen sus conclusiones sobre esta verdad absoluta y pueden ahorrarse todos los párrafos siguientes ya que no hay más que decir. Para los que tengan un poco más de tiempo recomiendo repasarse la época dorada del Beat’em up (finales de los 80, mediados de los 90) y los grandes éxitos de Capcom y Konami (Final Fight, TMNT, The Simpsons, Sunset Riders, D&D, Cadillacs and Dinosaurs…) ya que esta joyita de The Behemont bebe un poco de todos. Algo inevitable en un género tan dado a la evolución debido a la simpleza de su concepto base, es decir: Repartir hostias. Para los que no tengan memoria histórica y los juegos anteriormente citados a mano digamos que Castle Crashers es un yo-contra-el-barrio medieval en la que unos simpáticos cruzados multicolor se enfrentan a hordas de enemigos a lo largo de un extenso mapeado.

Vale, en deferencia a Nae desarrollaré el tema. Ambientado en una indeterminada época medieval, Castle Crashers plantea la lucha de cuatro cruzados para salvar a su reino de un malvado brujo. Este, que se ha ganado su título de malvadosidad robando una poderosa arma y raptando a cuatro princesas, interpondrá entre los protagonistas y su persona cientos de kilómetros plagados de enemigos a cada cual más pintoresco. Durante nuestro periplo nos encontraremos luchando contra un barco de ninjas pirata, una nave plagada de alienígenas, demonios infernales y caballeros con sables laser, a los que habremos de pasar por la espada o destruir a base de conjuros. Todo ello aderezado con épicos jefes de final de nivel, decenas de armas y personajes ocultos, y mucho buen humor.

El arte de lo simple

Vaya, dos párrafos más tarde y me encuentro aun ante el dilema de Dogbert (cómo escribir un libro cuando lo puedes resumir todo en una frase). Castle Crashers es simple: reparte hostias como panes, mata todo lo que puedas y pásatelo bien en el camino. Mirenlo. Desde su aspecto gráfico con colores planos y personajes dibujados a mano hasta lo básico de su humor «caca-culo-pedo-pis» el juego no tiene más pretensiones que entretener y dejarnos con una sonrisa en la boca. Aprendan. En un género trillado hasta el infinito y en declive aun se pueden hacer grandes cosas.

Reconozco que jugado en solitario puede hacerse aburrido y reflejar sus carencias (poco equilibrio en el desarrollo del personaje y música machacona, principalmente) pero en cuanto un segundo jugador se une a la partida todo mejora. Las mágias a las que tienen acceso los personajes se complementan, los personajes de apoyo han de repartirse, la famosa rapiña añade un nuevo nivel de dificultad y la coordinación se establece como arma definitiva para avanzar. Por muchas veces que hayas jugado una pantalla hacerlo a dobles (triples o cuadruples) le da una nueva dimensión. Si tan solo no hubiesen tardado cuatro meses en arreglar la infamia que era dejar este juego con un online penoso. Por que vale, los marcadores están muy bien pero no poder montar una partida sin que alguien se saliera de ella ha sido un delito de lesa humanidad.

Acabemos ya. A día de hoy (es decir con el parche de multijugador ya puesto) este es el mejor juego que se puede encontrar en Xbox Live Arcade y uno de los mejores que tiene el catálogo de 360. Castle Crashers es el Singstar para fiestas hardcores.

Pengo-nota: 9

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Chibi-Robo!

Escrito por en Análisis, Videojuegos

Que bonita es Escocia xD

Los más observadores (o los que no leen por RSS) se habrán dado cuenta del rediseño que ha sufrido la página. No es que haya perdido el gusto por los colores chillones, pero el viejo tema y las nuevas versiones de WordPress llevaban un tiempo dándose de hostias. Al final las novedades y los parches han pesado más que mi escaso gusto. Ya contraatacaré. Pasando al tema habitual, y aprovechando que Nintendo ha decidido relanzar juegos de GameCube adaptados al control de Wii, permitanme que les hable de un underdog que bien podrían repescar.

Les supongo a todos conocedores de la muerte por inanición de la anterior consola de Nintendo hará cosa de tres años y de cuantos buenos títulos salieron para esta máquina a lo largo de su corta vida. También supongo que muchos la relegaron a algún rincón de su armario ante la nueva ola de gráficos hiper-realistas o consolas controladas con el cuerpo. Y puestos a suponer me apunto el tanto de que casi ninguno prestó atención a un título protagonizado por un robot limpiador en los últimos días de la consola. Una pena pues ese juego es uno de los grandes de GC. Pero no lo crean por mi simple afirmación: aguanten la parrafada.

Chibi-Robo!

Portada de Chibi-Robo!

Portada de Chibi-Robo!

Desarrollador: Skip Ltd.
Plataforma: Nintendo GameCube
Año: 2006

El videojuego nunca se ha destacado por organizarse en temáticas si no en mecánicas. Una pena pues me vendría muy bien el género de la comedia negra para definir la experiencia resultante de vivir como un pequeño robot de limpieza en la casa de los Sanderson y, sinceramente, la definición de plataformas con toques de aventura no le hace justicia. Pero habrá que sobrevivir a las convenciones y hablar de como las peripecias de un pequeño robot en una enorme casa afectan a la vida de sus ocupantes, para bien y para mal, en una de las experiencias jugables más cuidadas de los últimos tiempos. La historia de «Chibi-Robo!» comienza con una chispa, en este caso la compra del propio Chibi-Robo, que enciende la mecha de algo a lo que no nos tienen acostumbrados los videojuegos: una tragedia cotidiana. Generalmente nos sumergimos en mundos donde somos protagonistas omnipotentes e indiscutibles de la acción y estamos enfrentados a retos de proporciones épicas, pero esta vez somos un imperceptible secundario en el gran marco de una simple vida familiar. Además nuestras misión es mantener una casa limpia a base de frotar con un cepillo de dientes. ¿Alguna vez nos habíamos sentido tan insignificantes? De todas formas el equívoco se deshace rápidamente y no nos introducimos en un simulador de limpieza, si no en una aventura de ambiente costumbrista donde Chibi-Robo pronto se convierte en confidente de la familia Sanderson así como el detonante de una tensión creciente. ¿Quién son los Sanderson? Pues una feliz pareja con jardín, perro, hija y un grave problema de comunicación, el cual se ve ligeramente aliviado por la llegada del robotito hasta que una inesperada factura hace saltar por los aires la convivencia familiar.

Esta no es la típica película americana

Así, oculto bajo su apariencia infantil, «Chibi-Robo!» es uno de los pocos juegos que se introducen en un mundo con problemas reales y plantea un tema tan complicado como es el de una familia con problemas. En contraste con este complejo mundo humano existe otro, un mundo de juguetes, que al más puro estilo «Toy Story» pululan por la casa durante la noche y establecen todo tipo de relaciones entre ellos. Al contrario de lo que cabría esperar, la mayor parte del tiempo la pasaremos intentando ayudar a alguno de estos juguetes con sus insignificantes problemas, limpiando manchas por la casa para ascender en una estúpida clasificación mundial de robots de limpieza y observando como nuestros dueños humanos lo pasan mal, lo cual transmite una sensación de impotencia mucho mayor que tener que vaciar nosotros solos todo un planeta de horribles alienigenas.

Mientras todo esto se desarrolla a nuestro alrededor el juego nos ofrece la posibilidad de conocer la casa de los Sanderson, una chabola de dos pisos que se irá abriendo poco a poco ante nosotros gracias a una curiosa característica del protagonista: funciona a pilas. La consecuencia directa es que al principio nuestros movimientos serán limitados debido a la baja autonomía y la imperiosa necesidad de recargar en los enchufes de las paredes, pero según avanzamos cada vez podemos llegar un poco más lejos. Una forma realmente ingeniosa de desplegar el juego poco a poco pero sin que el jugador tenga en ningún momento la sensación de estar atado a los designios del diseñador. Diseñador, por otra parte, bastante bueno a la hora de plantear retos cada vez más desafiantes, conseguir que la casa sea un entorno vivo y que en ningún momento perdamos de vista la sensación de ser un pequeño robot.

En conclusión

Por una vez háganme caso. Si encuentran alguna unidad perdida en la más oscura tienda de videojuegos, cómprenlo y degusten un exquisito cocktel agridulce que, si bien a simple vista no llama la atención como otros, deja un ligero poso en el cerebro que nos recuerda el haber pasado un buen rato limpiando y repartiendo felicidad.

Pengo-nota: 9. Enamoradito me tiene este pequeñín.

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Spore y DRM

Escrito por en Opinión, Videojuegos

No, aun no he tenido la oportunidad de probar la última genialidad de Will Wright más allá de alguna demo en una gran superficie. Las razones son las habituales: no va en Linux nativamente (sí que funciona con Wine) y mi PC con XP no es lo bastante potente para moverlo. Pero incompatibilidades aparte y aunque físicamente pudiese hacerlo funcionar resulta que no quiero. Y otra vez la culpa la tiene mi escaso gusto a ser sodomizado sin vaselina y es que Spore no es más que el enésimo capítulo en la saga de los derechos de las productoras contra los derechos de los usuarios. No, usemos el término real, consumidores.

Ya llevamos demasiado tiempo teniendo que aguantar que aquellos que pagamos con regularidad los abusivos precios de algunos juegos encima tengamos que cargar con el sanbenito de ser unos pringaos. Imaginemos que compro «Spore» (cosa bastante probable ya que pertenece a uno de mis géneros favoritos y además es de un grupo de desarrolladores que me da confianza) y lo instalo en mi supuesto PC de juegos. De entrada, requisitos aparte no hay problema, bueno precio también aparte. Llego, lo instalo y mientras me leo el manual me llevo dos patadas en la boca: la primera la instalación de software innecesario en mi equipo (SecuROM) en pro de una falsa seguridad para el fabricante y la segunda aun no la he recibido pero pronto voy a verla. Entro en el juego, me conecto a internet para hacer algo y el tráfico en la tarjeta de red me indica que el juego está llamando a casa para decirle a sus padres que está bien, que todo es maravilloso y que el tiempo está perfecto.

Juego la partida de rigor, creo alienígenas peniformes y a mi novia le hace gracia lo de crear bichos espaciales. Desgraciadamente para ella solo habrá una raza peniforme y es que el juego impide crear una segunda cuenta. Vale, no es lo que pone en el manual pero eh, un fallo de imprenta lo tiene cualquiera. Pasado un par de meses lo reinstalo porque el ordenador ha crujido miserablemente bajo el ataque de un virus/registro lleno de basura/disco duro en mal estado y entonces me doy cuenta de que solo me queda una oportunidad de crear criaturas peniformes antes de tener que llamar a EA para explicarles que quiero otra instalación más porque el perro ha mordido los cables SATA mientras cambiaba la tarjeta de sonido y se ha quemado el condensador de fluzo.

Resumiendo, por 60 euros habría obtenido un virus (SecuROM consume recursos y ralentiza el ordenador), un troyano (¿por qué tiene que llamar a casa un juego que ya he pagado?) y encima de alquiler (¿qué pasara cuando no haya servidores de comprobación o si EA considera que no merezco más reinstalaciones?). Mientras tanto aquellos que lo ha pirateado lo han tenido una semana antes y sin ningún tipo de futuro problema (más allá de algún vironio puesto con mala baba). No, el mercado de PC no se muere, simplemente sus consumidores se han reducido al género de los masoquistas y yo personalmente me joderé, aguantaré las ganas de probarlo y no lo quiero ni pirateado.

Comprendo que las compañías quieran sacar el máximo partido a sus inversiones, pero se me antoja bastante dudoso que machacar a los que te dan dinero sea el sistema correcto (miren si no el feudalismo). ¿Dónde quedaron aquellos tiempos en los que un juego era una obra completa en la que el arte de la caja o el maravilloso manual de instrucciones ya casi justificaban el precio pagado? Señores editores, den razones para comprar los juegos y dejen de tirar dinero en ponerle puertas al campo.

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