Bajo de cafeina

Escrito por en General

Llevo una temporadita muy floja amigos.

Aquello de un juego al día funcionó durante una temporada y, con nacimiento de retoño por medio incluido, pude completar el amado Yakuza de SEGA. Nae llevaba tanto tiempo dándome la tabarra con él que tuve que claudicar y aceptar sus tiempos de carga para disfrutar de la historia de Kazuma Kiryu. Dios sabe que hice bien y disfruté todo lo posible y más del simulador de mafiosos japoneses con corazón de oro. A tanto llegó la cosa que tengo un borrador pendiente sobre mis aventuras en Kamurocho y cómo Yakuza es la estrella de una evolución del género de las hostias a la que tuve a bien denominar “Aventuras de hostias”

Never gonna give you up...Pero un día me levanté y ya no pude más. Lo dejé. Hice la tortuga y volví a mi caparazón de juegos clásicos. En cierta manera es reconfortante no haber de seguir la actualidad porque no hay nada que te interese y ahorras mucho dinero en compras impulsivas buceando en las cestas de saldos pero entonces miras la estantería y piensas ¿qué he hecho? Oh, señor, ¿en que momento de ceguera me dejaste comprar decenas de mierdas para DS, Xbox o PS2? En serio ¿cuándo voy a encontrar tiempo para esa pila de jRPGs y juegos de lucha? ¿Cómo voy a jugar juegos de carreras si en esta santa casa han sido prohibidos para evitar mareos del sector femenino?

Pues esto se soluciona abrazando una nueva consola. Corriendo hacia adelante sin pensar (nota: tatuarse ¿qué podría salir mal? y la cara de Jeremy Clarkson en alguna parte) y comprando una PS3 de segunda mano. Y si puede ser el modelo ese que falla siempre mejor. Evidentemente la historia acabó en tragedia, con la consola muriendo y tragándose el Yakuza 3 justo cuando había gastado más de 70€ en juegos de la PSN.

Por suerte, ya estoy mejor. He abrazado a Steam en Linux (perdóname padre porque he pecado), voy a reparar la PS3 (con dos cojones, gilipollas pero con dos cojones) y he visto la luz de los indies esos raritos que te piden papeles, por favor y que te vayas de casa. Los indies me han salvado la vida. Y las pastillas de colores. Y el descafeinado.

Odio el descafeinado.