Análisis de baratillo y medias reseñas

Escrito por en Opinión, Videojuegos

Anoche pude disfrutar de una simpática invitación a cenar a cargo de EA. No está nada mal eso de que las compañías de videojuegos pongan un ojo en Valencia (mucho regatón pero poco juego) además de que cuiden las relacciones públicas con esos ingratos que somos los bloggers. Total aparte de conocer gente simpática y escuchar a Nae monopolizar la conversación hubo tiempo para charlar de otros temas (parece ser que no hay planes para nuevos Syndicate o Ultima), entre ellos una discusión que llevo arrastrando un par de semanas. Primero la documentación, leanse u ojeen por encima el siguiente análisis: Bomberman Land Touch!

Sí, es mi análisis para Anait del último Bomberman de NDS. Mis fans (ay que me da la risa) habrán notado que está ligeramente más en la linea de lo que suelo soltar por aquí que en los análisis serios que hacía en la época de Ociojoven u Onez. Según Nae es uno de los peores análisis que jamás he escrito, según los lectores de la web está bastante bien. Y esto me devuelve a la cena de anoche cuando comentábamos el gran favor que había sido la reseña de Sims 2 Pets de Gamerah ya que, al menos para mi, había sido el único que había despertado mi atención por el título. Recordad, que hablen de ti, aunque sea mal.

El meollo de la cuestión está en como nos pasamos por el forro la sutil diferencia entre análisis y reseña. Un análisis debería ser un comentario a fondo del juego en cuestión y una reseña unas lineas sobre este. Pero por tradición parece imposible hacer reseñas de un par de párrafos, lo que manda es el análisis pormenorizado de todos los detalles del juego, desde el número de pixels de un sprite hasta el apellido de la tía segunda del grafista de la quinta pantalla. ¿Es realmente necesario que yo escribiese un análisis de un Bomberman? Joder, que son 20 años de Bombermans, que es como comentar un juego de parchís. El juego merecía una reseña medianamente entretenida y punto. Y como este el 90% de los juegos que salen se podrían despachar en un par de párrafos sin que el niño Jesus tuviese que derramar una lágrima por ello. ¿Quién puede tomarnos en serio si dedicamos similares esfuerzos a los más grandes y a los que no los merecen (o necesitan)?

Señores, menos rollos. Acortemos los textos y dejemos los rollazos para las grandes ocasiones. ¡Media-reseñaâ„¢ ya!